Nuca, una estudiante excelente

Sonrisa de Nuca

Durante la baja maternal de mi segundo hijo llegó Nuca, mi segundo labrador negro. Ella llegó para ocupar el tremendo vacío que había dejado su predecesora, también Nuca, también un labrador negro. Recuerdo el día que fuimos a buscarla, a una casa preciosa al borde de la N-I. Salió a recibirnos como un torbellino, era la última de la camada que quedaba en casa. Alternaba los saludos hacia mí y mi bebé con vueltas alrededor de su mami. “Yo también tengo mami” parecía que me estaba diciendo vuelta tras vuelta al labrador chocolate que nos miraba con cierto recelo. No te lo voy a negar, en ese preciso momento me rompió el corazón llevármela, sentí cierto desgarro en el pecho al ver la cara de su madre mirando el maletero de mi coche.
La dueña ya me había advertido: “es muy cariñosa, y requiere de estar siempre cerca de nosotros, tiene que andar tocándonos con el hocico, con el lomo, ¡es un poco plasta!” No me importaba, quería una perrita plasta, que arropase el vacío que había dejado mi primera Nuca.
Yo andaba estudiando el CAP durante mi baja maternal, de otra manera no hubiera podido porque trabajaba entonces en una multinacional. Todas la noches cuando los pequeños ya dormían cogía mis libros y me sentaba en el salón a leer y subrayas mis lecciones. Nuca tenía su sitio. Su camita se ubicaba en la cocina. Pero esto no le pareció bien. Estaba demasiado lejos de su nueva mamá. Con mucho sigilo, despacito, despacito, cogió su colchoneta con el pequeño hocico y cuando me quise dar cuenta estaba ahí, donde la ves en la foto, debajo de mis pies casi, a mi ladito, mirando como estudiaba y escuchando atentamente la lección que recitaba en alto para aprendérmela. Yo creo que ella también la memorizó. Nuca fue mi mejor estudiante.

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